IV. DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PROFESOR PELAYO ALDAVE EN EL CONCEJO MUNICIPAL DE LA CIUDAD DE YUNGAY CON MOTIVO DEL PRIMER ANIVERSARIO DE LA TRAGEDIA DEL 31 DE MAYO-70

Hermanos yungaínos:

Estando hoy en vísperas del 31 de Mayo, nos hemos congregado aquí para recordar y rendir homenaje a los caídos del trágico cataclismo que sepultó a nuestra añorada ciudad de Yungay. Fue un fenómeno natural de vastos alcances que casi destruyó totalmente la vida de tantos pobladores del Departamento de Ancash, cuya trascendencia para Yungay es y será una fecha de consternación dolorosa, de sufrimiento hasta las lágrimas y necesariamente de honda meditación en la toma de decisiones con nuestra responsabilidad de asumir el papel de la Rehabilitación y de la Reconstrucción propia.

Es precisamente, mediante esta demostración de fraternidad humana que conjuga la unidad de sentimientos, nos encaminamos a valorar la existencia que les diera, cimiento de vuestras raíces familiares más lejanas, morada donde vuestros padres recibieron el sustento espiritual de la Patria, tierra pródiga de hechos históricos que enorgullecen al Perú. Allí donde pasaron los hombres ensalzando con su inspiración poética la magnificencia del Huascarán, montaña de admirable aprecio por nacionales y extranjeros y que fuera divulgada con admiración por el inquieto César Oré a todas las oficinas de turismo del mundo. Cada habitante poseía una permanente actividad a fin de ver realizado sus ideales, ora trabajando en las tierras productivas, ora manejando las herramientas de hábiles artesanos en las horas descansadas del tiempo, ora demostrando el cumplimiento del deber profesional con devoción y sacrificio por el bien de la Patria chica.

Bien se puede decir que toda esta actitud colectiva era infundida por un sentido ascendente de prosperidad, debido quizá a los reflejos radiantes de los elevados picachos del Huascarán, tal como otros pueblos se contagian de las influencias telúricas de su medio, en la tipificación histórica de su devenir.

No en vano, nos tocaría recordar a los muchos hombres que florecieron por sus cualidades y por sus espíritus bien cultivados, aportando positivamente en el desarrollo del país; aquellos que no pueden pasar desapercibidos al haber sucumbido con el golpe brutal de la naturaleza, son dignos de mencionarlos: A un Leoncio Guzmán quien supo demostrar su afán de investigador y de acertada curación de las enfermedades, murió justamente cuando trataba de salvar la vida de sus semejantes en la Sala de Operaciones del Hospital; a un Luis Losza, a un Amador Molina, quiénes inculcados probablemente de sus inspiraciones artísticas musicales preparaban las notas más sutiles del alma andino; al Reverendo Padre Flavio Gómez R. compenetrado de su mística cristiana y fortalecido de haber celebrado su misa dominical, murió como dicen apaciguando en Cristo y en la veneración a la Virgen del Rosario; a los muchos seres humanos que aterrorizados se arremolinaron en torno suyo pidiendo el perdón de Dios. A nuestros queridos profesores del Colegio “Santa Inés” y de las Escuelas, entre ellos Carlos Huamán, Mauro Ampuero, Antero Ángeles, Próspero Gomero Mejía, Rolando Romero, Norma Alegre, Orlando Figueroa, Ángel Vasquez, William Legoas, Juan Giraldo y así otro muchos más; todos ellos fueron los maestros dedicados a formar los espíritus de los educandos, entre los cuales unos yacen en la eternidad y otros que salvados por estar en centros educativos de otros lugares, hoy los recuerdan con nostalgia y agradecen muy reconocidos sus buenas enseñanzas.

Fue un domingo como cualquiera que pasamos en el trascurrir cotidiano, a eso de las 3.25 pm., en que la naturaleza se dislocó con el furor de su energía cósmica y más la extensión terráquea ubicada en esta zona de Ancash, se convirtió en segundos bajo una faz caótica y sangrante. En ella la ciudad en medio de los rayos solares del atardecer, llegaba a exterminarse por los efectos de un terremoto que transformó en escombros lo que el hombre había construido en tantos siglos, aún este movimiento había sacudido las níveas y agrietadas cumbres del Huascarán, cuyo desprendimiento se precipitó con una desproporcionada masa de lodo palos, peñas, desparramando su huella mortal. Y hubo de llegar fácilmente a Yungay, la que penaba en su desesperación; el derecho a la vida lo defendieron sus habitantes luchando de mil maneras contra el criminal peligro, sin embargo la impotencia humana no nos ayudó a salir airosos en la totalidad: ruidos infernales, una inmensa y tupida polvareda, gritos de auxilio, carreras sin rumbo, mujeres extenuadas y a veces desmayadas, niños llorosos buscando a sus padres, postes caídos, paredes aplastando a muchos hombres con vida, movimientos a modo de péndulo, mujeres, niños y ancianos agarrados entre sí clamando al cielo con las oraciones divinas; en fin mucho habría que describirse si quisiéramos introspeccionar lo experimentado dolorosamente. Pero la muerte no alcanzó a todos, unos cuantos sobrevivientes escaparon hacia los lugares donde no les ataco el lodo envolvente. Se ubicaron en el lugar de Aura por el sur; en el Cementerio aquellos pocos que pudieron mantener el equilibrio y las influencias perfectas del instinto; en Huiscurcoto, en Cechahuaín; los restantes que habían dominado las alturas del elevado cerro Atma.

Tiempo después, la mayoría de ellos se cobijaron bajo las defensivas pendientes de Cruz Punta. Y seguidamente la bandera de la Patria flameaba señalando el acampamiento en Pashullpampa. Ya en pleno día del 1ro. de Junio-70, nos pudimos dar cuenta de las nefastas consecuencias del cataclismo del 31 de Mayo: varios niños huérfanos que reclamaban a sus padres; madres viudas con sus hijos que se quejaban de su desamparo; todos si habían podido salvarse sin más pertenencia que el vestido que les cubría; la hambruna y la sed azotaba sin cesar a pequeños y grandes; los heridos se doblaban de dolor sin más consuelo que la esperanza de recibir la ayuda de otros hermanos pueblos que quizá ya sabían sobre lo sucedido. La tierra seguía temblando y los sobrevivientes adoptamos la resignación a todo lo que podría después sobrevenir.

En verdad, ese puñado de gentes semejaban a hombres expulsados de la civilización, ansiosos de satisfacer el abrigo y la alimentación, pero en medio de ello, predominó un solo principio: “Lo poco que se obtenía era para compartir con el último hermano”, bello cuadro de fraternidad y de solidaridad en los momentos aciagos. Las diferencias sociales o las alcurnias familiares no tuvieron razón de ser, lo único que se sentía era servir a otros para ser servidos y estar juntos para afrontar cualquier otra eventualidad inesperada. De este modo, la ley de la supervivencia humana, nos obligó a poner en práctica toda clase de iniciativas para aprovecharse en lo mínimo lo poco de los recursos naturales que quedaban en esta parte. Se construyeron ramadas, brigadas de voluntarios se dedicaron a buscar pertrechos y a cuidar higiénicamente la principal sequia que se tenía.

Pronto, nuestro aislamiento quedó notablemente mejorada por la presencia inmediata de los campesinos, quienes concentrándose desde los alrededores nos hicieron participar los últimos productos de sus cosechas y muy especialmente identificados con nuestra desgracia, velaban noches enteras con su decidida compañía. Por eso, gracias a ellos hubo una especie de despertar a la vida y con sus aportes de mano de obra nos fortalecieron dándonos valor y esperanza para vencer a la dura naturaleza en la rehabilitación de nuestro pueblo, aquí mismo.

Fue así cómo nos iniciamos en la etapa de la EMERGENCIA, cuyas características posteriores tienen una singularidad a diferencia de los otros pueblos afectados:

1. La miseria reinante entre los sobrevivientes, las primeras viviendas fueron simples ramadas hechas de eucaliptos y carrizos, levantadas a lo largo y ancho de la pista en la forma más improvisada. Después llegaron una cierta cantidad de carpas que no alcanzó para todos.

2. Las actividades económicas se reiniciaron por los negocios más pequeños, destacándose la venta de comidas. Es así los sobrevivientes fijaron su atención al mercado como fuente única de trabajo; pero ello no se generalizó.

3. Se restableció el funcionamiento de la Sub-Prefectura, del Concejo Municipal, del Juzgado de Instrucción del Centro de Salud y de una Posta Médica. Instituciones que carecieron de los elementales instrumentos de trabajo y de presupuesto. Sólo las iniciativas propias y la responsabilidad de cada funcionario permitió el desenvolvimiento administrativo normal en bien del renacimiento de la vida local.

4. La acción efectiva de los campesinos, quiénes pese a ser damnificados también por los efectos del terremoto, ayudaron como nunca en la ejecución de obras comunales con carácter provisional y programadas por las autoridades. Los campesinos impulsados por el único ideal de “Levantar tan pronto la nueva ciudad sobre esta tierra demostraron sacrificio, seriedad, disciplina y fuerza humana incansable, a ellos se les debe:

a) La construcción del canal de agua potable y que ahora está sirviendo para el consumo. Fue una obra construida a ganar el tiempo, porque el agua de la sequia que se usaba parecía ser el causante de posibles brotes de enfermedades bacterianas.

b) La irrigación de Pallcarma y los inicios de Ihuallón, ya que en las diferentes chacras de los contornos al foco aluviónico a Yungay ofrecía un paisaje casi desolador. Los escasos productos que maduraban iban secándose de por sí.

c) La construcción de cimientos para los módulos del Colegio “Santa Inés”; de pozos para basurales, etc.

5. La participación oportuna de inquietos yungaínos que junto al campesinado o al lado de las autoridades aportaron su inteligencia y acción, entre ellos están: el Ingeniero Juan Cabezas, el Guardia Pedro Armas, y otros que son dignos de citarse.

6. El Aporte Material de Delegaciones e Instituciones extranjeras: “La Solidaridad de la Iglesia” cuya ayuda fue la más oportuna y completa para los sobrevivientes de la ciudad, habiéndose utilizado los tubos de plástico que nos envió para canalizar el agua potable “Una Delegación Juvenil Médica Rusa” la que acampando, en este lugar bajo incomodas carpas y sabiendo sobrellevar nuestras costumbres nos proporcionaron asistencia médica y medicinas, salvando a muchos enfermos que estaban al borde de la muerte; la despedida a ellos se hizo con muestras de admiración y aprecio por su elevado espíritu social.
Una “Delegación de Ingenieros y Técnicos Suecos” se interesaron por dotarnos de iluminación, para lo cual nos proporcionaron un grupo electrógeno, haciendo a su vez las instalaciones de los postes con la colaboración del SEN. De tal manera, casi en las vísperas de la Navidad del Niño, dejamos de estar en tinieblas.

Entre los organismos de tipo nacional, merecen resaltarse por su asistencia: “Apoyo Alimentario de Pati”, gracias a la distribución permanente de víveres estimuló especialmente al campesinado en la realización de tareas de promoción comunal. Al Banco de Crédito del Perú que mandó armar con técnicos italianos la actual Posta Médica. A la Cruz Roja Peruana que en coordinación con el Ministerio de Vivienda nos han brindado los módulos que se ocupan y que de alguna forma van albergando a los vecinos de este Campamento.

En cuanto se estableció CRIRZA.- Zona 6 con su sede en Caraz, viene haciendo estudios de planificación pero realmente en esta etapa de la Emergencia sus resultados no han trascendido.

7. El restablecimiento del Colegio Nacional “Santa Inés” a fin de proseguir con su misión educativa. Sin poseer ni siquiera los materiales de construcción para el local, con los esfuerzos sacrificados de profesores y alumnos y la ayuda de las autoridades, volvió a servir, primero en simples ramadas y después en módulos de calaminas. A los yungaínos residentes en Chimbote, a la señora Angélica Harada, a la Campaña Estudiantil del Colegio “Nuestra Señora de Guadalupe” de Lima, a la señora Nélida Fhillpps de González, al señor Antonio Melgarejo, se les debe la adquisición del material didáctico indispensable en libros, mapas carpetas, etc.

Mediante el análisis ligero de las características de la situación de Emergencia, rápidamente podemos intuir, en que fue la misma población que supo aprovechar sus recursos humanos y naturales. Yungay, tiene un pueblo que resurge y cuyo mérito principal está en haber construido lo indispensable, dando un ejemplo de valor y de fé, de actitud colectiva excepcional frente a la misión de Reconstrucción y Rehabilitación del Supremo Gobierno.

Ahora que nos encontramos frente a la nueva etapa urge de inmediato la iniciación de las obras definitivas de la Reconstrucción. Nuestro mayor deseo es que surjan de una vez los frutos de los estudios de la planificación técnica. A esta localidad han llegado técnicos con propósitos de investigación, más los rumores tergiversan la verdad,  y se crea un ambiente de desorientación y de duda, los cuales generan la inestabilidad de decisiones, de planes y de proyectos, de incomodidad entre los habitantes que requieren de servicios y obras que ofrezcan un modo de vida más humano; del funcionamiento de todas las Instituciones deportivas y culturales que tenía la ciudad, los que por disposiciones legales corren el riesgo de perderlas. En fin, ahora que sabemos de la reubicación de Yungay, hay que tener en cuenta que junto a los proyectos de construcción urbanística, de saneamiento y de la ejecución de las obras de infraestructura, que se haga realidad el envío de las cien casas rusas, de los materiales holandeses para el local del Colegio “Santa Inés” ofrecidos oficialmente desde los respectivos países.

Es de necesidad el restablecimiento del Juzgado de Instrucción, ya que vienen funcionando otras Instituciones, dicho Juzgado ha sido trasladado a la ciudad de Caraz, haciendo de los trámites judiciales lentas, dilatadas y costosas. Que el Ministerio de Educación permita la inmediata reapertura de las clases en la Escuela Artesanal la que hace mucha falta para capacitar en trabajos manuales a aquellas personas que se encuentran desocupadas; que se restituya el servicio del alumbrado público con la energía eléctrica del Cañón del Pato. Es en este aspecto  el año pasado se nos hizo el ofrecimiento por intermedio de CRIRZA el de instalarse desde los primeros días de enero del presente año. Cuándo se cumplirá?

¡Hermanos yungaínos! Con esta actuación cultural preparado por el Colegio Nacional “Santa Inés” y que antecede al Día de mañana 31 de Mayo, sea de reafirmación en la toma de nuestra actitud reflexiva hacia la problemática del futuro Yungay. Los que aquí han sembrado  los cimientos de una nueva ciudad, paralelamente a los campesinos y yungaínos del Campamento de Aura en la parte sur, tienen el imperativo de estrechar sus vinculaciones con los que se encuentran residiendo en la ciudad de Lima, a fin de unificar criterios y esfuerzos. No basta que los de Lima o los de acá se preocupen de su Provincia con manifestaciones aisladas. El resurgimiento de Yungay ha de ser una meta común de pensamiento, sentimientos y acciones, en bien de las generaciones venideras que agradecidas aclamarán vuestra obra.

Es el momento de la acción colectiva, la que excluye toda índole de personalismos, de prejuicios y de intereses creados, entre hermanos de una misma Provincia. De esta realización, seguramente espera el Gobierno de la Fuerza Armada para entregarnos su apoyo.

Es el momento, en que tenemos que solicitar también al Gobierno su comprensión a la solución de nuestras necesidades y problemas. Siendo la realidad yungaína actual muy compleja y variable y que requiere de una contemplación prioritaria por derecho y por humanidad. Pedimos que se nos debe conceder un régimen de excepción en la aplicación estricta de las leyes. Digo de derecho porque Yungay hasta antes de la tragedia poseía una serie de prerrogativas, de servicios y de Instituciones como ciudad capital de esta Provincia, estas ventajas volverán necesariamente a implantarse y de ninguna manera desaparecerán por el simple hecho de que hayan pocos habitantes o que la dispersión de éstos origine diversas opiniones. Por justicia y buen gobierno le corresponde recuperar todo lo que tuvo por otra parte, desde el punto de vista humano, porque los que viven en este campamento y otros se han convertido en los ciudadanos más pobres del desarrollo económico,  entonces la Rehabilitación será un proceso de ayuda, tanto material y espiritual. Y no de ordenanzas y mandatos que se dicten impositivamente desligándose de toda observación objetiva en el contacto directo con sus habitantes.

Bien señores, que la memoria a los caídos en el terremoto-alud, nos guíen para continuar sus ideales frustrados. Con la difícil pero evidente responsabilidad que nos queda, no los olvidaremos nunca jamás. Yungay se levantará más fuerte que ninguna vez delante del Campo Santo Sagrado de sus heroicas tumbas. Que sus gemidos, sus lágrimas y sus voces de auxilio expresadas en las circunstancias por defender sus vidas, nos sirvan de señales para conservar indesmayablemente los ideales trazados.

Que mañana al tener que ir al Camposanto para reencontrarnos espiritualmente con sus restos, Dios sabe perdidos en qué lugar de la muerte, no solamente lo hagamos para derramar nuestras lágrimas y desahogar nuestras quejas ante el tribunal del cielo, sino sea de recogimiento y de meditación para purificar nuestras almas y para fortalecer nuestra existencia en  aras del futuro compromiso que tenemos con ellos: ¡Levantar Yungay sin vacilaciones ni desconciertos!

Por consiguiente, del esfuerzo constante de todos lo que aquí estáis presentes depende la rapidez de actuar frente a ese objetivo, y no dejándolo para unos cuantos por causa del olvido.

En esta acción común, consideremos la participación de todos los distritos y caseríos que conforman la provincia. Estoy seguro que como hermanos que son sienten en carne propia lo que aspiramos. Más los que han tomado el comando de Gobierno tienen la misión patriótica  de expresar su alta sensibilidad humana y del desprendimiento social, porque el pueblo ha de apoyarse en ellos para reconquistar sus derechos y solucionar sus necesidades.

Hecho estos requerimientos, estoy convencido sobre la base que hemos puesto en la Etapa de la Emergencia con la ayuda de los campesinos, a quiénes rindo hoy mi más grande homenaje y público agradecimientos como Ex-alcalde. Yungay será la obra del hombre más sufrido pero que no se doblegó ante la atrevida naturaleza. Y el mundo admirará y seguirá vuestro ejemplo.

Rindo mí homenaje a Yungay con los versos más puros del alma, leyendo los versos del poeta Enrique Solari Swayne los que me sublimaron al habérseme entregado un día de sol de mediodía y me dijeron que lo recitara cuando tuviese la oportunidad y pues ahora se me presenta:

UN DIA AQUÍ

SOBRE ESTE MISMO POLVO

QUE HOY EL VIENTO LEVANTA,

EL HOMBRE DEL ANDE

VOLVERA A IMPONER

SU PRESENCIA MILENARIA

AUNQUE EL HUASCARAN

TENGA EN SU PECHO

EL FUROR DE TODOS LOS VOLCANES

AUNQUE AL UNIVERSO

USURPE LAS FUERZAS QUE LO ATAN

Y LAS LANCE REUNIDAS

A RODAR

POR LOS CAÑONES

HACIA EL VALLE

DESDE EL NEGRO FONDO

DE LA ADVERSIDAD,

VOLVERAN LOS USOS

A LAS VIEJAS MANOS

VOLVERAN AL BRAZO INDIGENA

LOS ARADOS Y LAS LAMPAS

VOLVERAN LAS OLLAS

VOLVERAN LOS NIÑOS

CON SUS MISMOS PADRES

Y SUS MISMOS NOMBRES

A POBLAR LA VIDA INEXTINGUIBLE

AL CAUCE SECO

DE LAS AVALANCHAS.

1ER ANIVERSARIO DE LA TRAGEDIA

Pelayo Aldave Tarazona

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